Saborizantes permitidos
Compremos un caramelo. Lo imaginamos brillante y tornasol en la estantería, meneando sus caderas, ofreciéndose a cambio de pan.
Elegimos a ése. Sí, el rojo por favor.
Solo cuando su cubierta azucarada recibe el primer contacto con la lengua,
en un fulminante segundo notamos que el caramelo contiene en su interior
todos los sabores del mundo.
Todos.
Desde el aguacate hasta el romero. Al sexo de las rubias y a las flores sobre Holanda. Al sudor de las 3:45. A nuez moscada y al suspiro de los muertos.
A la resaca de los desempleados. A tinta seca y a las uñas de los amantes.
A metal oxidado. A carne de guerra. Al cáncer de los lunares. A la sangre de Cristo y a canela
-¿Ingredientes?
Azúcar, jarabe de maíz, colorante artificial rojo número 5 y arsénico.
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