La piedra roja


Dedicado a Nicanor Parra

¿Qué esconde una piedra de un color inaudito?

¿Qué podrá ser del futuro de una piedra imposible,
para beneficio del país?

¿Qué hay en el centro de una piedra marginada
si no es una lágrima
desfragmentada por los años?


El mundo de la política, arte y ciencia tratan de encasillarla según su función:

Para un poeta laureado:
Un milenario motor oxidado
en estado de espera.

Para el dictador de la nación:
El manifiesto comunista escrito a mano.

Para los academicistas:
El David de Miguel Ángel,
previo a su pulida.

Para los artistas conceptuales:
La última obra del hiperrealismo.

Para las gaviotas:
Una ola que nunca
llega a la orilla de la arena.

Para Virginia Woolf:
Una sentencia de muerte en los bolsillos.

Para los amantes:
Un huésped desalojado a medianoche.

Para los gringos:
Una máquina de hacer dinero.

Para la generación decapitada:
Una tumba de concreto rosáceo.

Para los indios:
El compendio escrito
de su historia precolombina.

Para H.P. Lovecraft:
Un color caído desde el cielo.

Para el contralor general del estado:
Un déficit insostenible
para la nación.


En el epicentro de una piedra roja, se yergue una montaña que aun no ha sido descubierta por el hombre.

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