Cayó desde el 7mo piso de la torre del reloj, resquebrajando su cuerpo. La pluma yace en el suelo. El piso está frío y la tinta juguetea en el asfalto.
Aguarda paciente, como las aves en la noche aguardan al gusano. La pluma no encuentra paz, no cuenta con cristiana sepultura.
¿Con qué se negarán los prestamos en los bancos, y cuántos libros dejarán de existir en su agonía?
El piso sigue frío. El alcalde deja de firmar presupuestos, los periódicos cierran sus tirajes y se corre la tinta de las letanías escolares.
¿Con qué sentido se emborracharán los poetas?
La madrugada avanza y el piso es gélido como el pasto en Groenlandia.
La pluma muere de hipotermia, pero también, muere de hastío. Cayó desde el 7mo piso de la torre del reloj, buscando el suicidio.
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