a Homero Pumarol, a Héctor Lavoe.
I (OPENING)
Del neón desgastado
y sus cinco esquinas,
alquilamos una corona de petróleo chino.
Brújula venérea
de alfileres cariados
empezó a cosquillearnos el tuétano:
¡Que nos guíe el ritmo de ese vinilo prehistórico!
Un hueso de muerto
marcaba el paso.
Hueso flexible / sabroso hueso
Paso de muerto / paso doble
paso fantástico que solo presencian,
marcapaso oxidado que solo pudieron,
ungidos aquellos que los visitaron,
en su trono de amapola y pachanga,
a Los Reyes del Swing.
Solo en la noche
(noctámbula noche nocturna)
cuando la luna roja
de semen, saliva y meneo
le da play al track number one,
minúsculos calígulas
afloran del diente de oro
sobre una baldosa cariada.
Se marchita una corbata amarilla,
se plancha una camisa floreada,
y el cojinsito del trono se pone tibio,
porque sabe que es viernes
y hoy toca,
que lleguen a las 10 con 50,
con sus entradas casposas,
con su cáscara demolida,
y arranque el espléndido show,
con fantástico golpe de cadera,
de Los Reyes del Swing.
II (CORO)
Soplamos el polvo de un disco rayado
Robamos flacos billetes a un banco
Bailamos sin miedo el ritmo del muerto
Torcimos el cuello de un traje planchado
Cantamos olvidados himnos tropicales
Matamos al inspector escolar
pero ni así conseguimos,
peor acercamos,
nunca logramos
oler ni a kilómetros
las glorias antiguas
de Los Reyes del Swing
Soplamos el cassette de la memoria
robamos sabrosos ritmos de esclavo
bailamos ancestrales canciones de lluvia
torcimos el árbol sagrado del patio
cantamos en el idioma del fin de semana,
matamos al jefe cada mañana
pero ni así conseguimos,
peor acercamos,
nunca logramos
oler ni a kilómetros
las glorias antiguas
de Los Reyes del Swing
III (ENDING)
¿Qué cómo así,
que los reyes perdieron?
¿Qué cómo fue,
que los reyes abandonaron?
Atrás quedó su imperio,
su Ámsterdam de cianuro y pachanga
otros se fumaron su corona,
su carnaval de flores y rumba
otros se lamieron
la sangre de su copón.
Su herencia se la truequearon
por la corbata amarillla
que convirtió su febrero
en una piedra amarrada al cuello
para que empujen
los dorados Sísifos
a quienes ese viernes
a quienes esa vez
sintieron lo que fue
sentarse
en el trono caliente
de Los Reyes del Swing.
(BIS)
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